jueves, 7 de junio de 2018

Ícaro

Ícaro fascinado por el vuelo se elevó desobedeciendo.
Su curiosidad y ganas de conocer eran superior a todo,
debió detenerse, pero no pudo impedirlo, quiso volar más alto,
Ícaro se acercó demasiado al sol,
y así el calor derritió sus alas de cera.

A veces, es mejor no conocer demasiado. 

miércoles, 6 de junio de 2018

Este desastre en el que estamos.
Este gris indefinido en su definición.
Este tú entrando en mi yo,
Este yo yéndose de tí.
La eterna contradicción,
El silencio y también el stop.

jueves, 17 de mayo de 2018

Qué suerte encontrarte

Inesperadamente, te encontré callejeando,
así,
te encontré sin buscarte.
Entonces decidimos partir a dejar huella en los anaqueles de aquel parque lleno de poetas.
Lleno de vida escrita.

Nuestras palabras impregnadas en libros que otros abrirán y tal vez con un poco de suerte, leerán.
Me pregunto qué escribiste en el tuyo,
me pregunto si te volveré a encontrar.

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jueves, 26 de abril de 2018

Inmortal

Nunca he tenido dioses
y tampoco sentí la despiadada
voluntad de los héroes.
Durante mucho tiempo estuvo libre
la silla de mi juez
y no esperé juicio
en el que rendir cuentas de mis días.

Decidido a vivir, busqué la sombra
capaz de recogerme en los veranos
y la hoguera dispuesta
a llevarse el invierno por delante.
Pasé noches de guardia y de silencio,
no tuve prisa,
dejé cruzar la rueda de los años.
Estaba convencido
de que existir no tiene trascendencia,
porque la luz es siempre fugitiva
sobre la oscuridad,
un resplandor en medio del vacío.

Y de pronto en el bosque se encendieron los árboles
de las miradas insistentes,
el mar tuvo labios de arena
igual que las palabras dichas en un rincón,
el viento abrió sus manos
y los hoteles sus habitaciones.
Parecía la tierra más desnuda,
porque la noche fue,
como el vacío,
un resplandor oscuro en medio de la luz.

Entonces comprendí que la inmortalidad
puede cobrarse por adelantado.
Una inmortalidad que no reside
en plazas con estatua,
en nubes religiosas
o en la plastificada vanidad literaria,
llena de halagos homicidas
y murmullos de cóctel.
Es otra mi razón. Que no me lea
quien no haya visto nunca conmoverse la tierra
en medio de un abrazo.

La copa de cristal
que pusiste al revés sobre la mesa,
guarda un tiempo de oro detenido.
Me basta con la vida para justificarme.
Y cuando me convoquen a declarar mis actos,
aunque sólo me escuche una silla vacía,
será firme mi voz.

No por lo que la muerte me prometa,
sino por todo aquello que no podrá quitarme.

L.G.M.

sábado, 21 de abril de 2018